El teatro en República Dominicana

Desde los primeros años de la conquista las autoridades religiosas usaron el teatro como medio para promover la evangelización de la población aborigen. Ahora bien, es “El entremés” de Cristóbal de Llerena, que data de la segunda mitad del siglo XVI, el que se reconoce como el primer drama de la antigua colonia La Española.

 

La pobreza del período colonial fue un factor decisivo para que la dramaturgia y la representación teatral se mantuvieran en límites muy modestos. Las residencias particulares servían de escenario para las principales manifestaciones artísticas de la época.

 

El carácter pedagógico del teatro vuelve a ser reclamado en los años previos a la fundación de la República, cuando los jóvenes independentistas, en aras de atraer adeptos a la causa de la independencia, escenifican obras teatrales como “Roma Libre” y “La Viuda de Padilla”.

 

Durante los primeros años de la República Dominicana el vínculo entre teatro y política se mantuvo, destacándose los autores Javier Angulo Guridi, Manuel de Jesús Rodríguez Montaño y Félix María del Monte.

 

Entre 1861 y 1916, período conocido como la Segunda República, se escribieron al menos unas 75 obras, de las cuales sólo 18 fueron publicadas. Las corrientes del indigenismo, romanticismo y costumbrismo marcaron dicha producción teatral.

 

En el marco de la ocupación estadounidense, se llevaron a escena obras de protesta en contra de la presencia extranjera en el territorio nacional. La obra Los yanquis en Santo Domingo, de Rafael Damirón, es la más destacada.

 

La dictadura trujillista institucionaliza la actividad teatral en tanto labor cultural que debe ser promovida por el Estado al fundar el Teatro Escuela de Arte Nacional, la Escuela de Arte Escénico, y edificar el Teatro Nacional de Bellas Artes. La influencia española se deja sentir con la incorporación del refugiado español Emilio Aparicio como director de las referidas escuelas teatrales. El trabajo actoral alcanzó altos niveles de profesionalidad.

 

A pesar de las representaciones de obras europeas y norteamericanas, y de la emergencia de eminentes figuras nacionales –Máximo Avilés Blonda, Franklin Domínguez, Luis José Germán, Santiago Lamela Leger, etc.– la mediatización oficial se constituyó en un lastre muy pesado para el teatro dominicano.

 

Los años de apertura democrática implicaron nuevas búsquedas teatrales. Grupos independientes, experimentales, de protesta, propuestas de teatro “callejero” han proliferado en esta última etapa. Cabe mencionar la labor del Teatro Gayumba (Manuel Chapuseaux y Nives Santana), Iván García, María Castillo, Carlota Carretero, Reynaldo Disla, Ángel Haché, Fausto Grullón, Carlos Castro, Dionis Rufino, Germana Quintana, entre otros muchos que con su trabajo dignifican cada día las tablas dominicanas.