Obra “Todo está bien” refleja parte del drama de la sociedad actual

Todo está bien, o mejor, “To’ ‘ta bien”, como dice el dominicano en su particular forma de hablar, es una expresión irreflexiva, evasiva, y al mismo tiempo defensiva ante la realidad social que nos arropa, que nos abruma y ante la cual nos sentimos impotente.

El sentido irónico de la frase ha sido utilizado por Claudio Rivera para dar nombre a su nueva propuesta teatral. Siendo un trasgresor obstinado, un demiurgo tenaz, cada obra suya traspasa los límites y no sólo desde una perspectiva meramente estética, “Todo Está bien” no es la excepción, es una voz de alerta, un llamado a descorrer el velo que conscientes o inconscientes nos colocamos para no ver lo que está frente a nuestros ojos, y que bien puede ser parte de nuestra realidad.

“Todo Está bien” refleja parte del drama de la sociedad actual, pero consciente Rivera de que todo arte ritual es una celebración en sí mismo, hace que su teatro, reflexivo y espontáneo, sea a la vez entretenido, con un texto de contenido, cargado de un humor ingenioso que distiende la platea y produce momentos verdaderamente hilarantes.

Pero hay en el Rivera director, una preocupación esencial, el élan vital de toda su creación escénica que constituye su sello de identidad, y es el énfasis en alcanzar el movimiento organizado y libre a la vez del conjunto, y de la expresividad corporal y gestual de cada actor. El colectivo que dirige y del que forma parte, ha logrado asimilar y a la vez exteriorizar ese ideal estético.

Claudio Rivera utiliza como metáfora de lo banal, un reality show, donde desarrolla la acción teatral. Pero lejos de un “montaje” como suelen ser estos espacios televisivos, presenta con el morbo característico, la realidad de una familia disfuncional, en tiempo real, a la que accedemos introducidos por los presentadores del show, personajes anodinos, como sus nombres –Fulano y Sutana- cuyos intérpretes, Ramón Emilio Candelario y Natividad Mirabal, se complementan, en una estupenda caracterización, cercana al vodevil.

En la estancia familiar, conviven la madre –Dura la Roca- mujer frívola, compradora compulsiva, preocupada por las apariencias, interpretada por Viena González; Claudio Rivera, el padre –Drink Togo- es un alcohólico; ambos logran una simbiosis actoral formidable. La hija –Fénix- que en busca de su libertad cae en la adicción, y en la más abyecta condición, tiene como intérprete a la joven Paloma Concepción, una verdadera revelación de la escena dominicana.

El cuarto miembro de la familia, es un niño -Lance- una especie de duendecillo que aparece y desaparece, conciencia crítica que nos alerta, es el único paradójicamente consciente del drama que se cierne sobre la familia. El niño Dimitri Rivera González nos cautiva, su actuación rompe el esquema, por su naturalismo, apropiado para la observación. ¿Será que de casta le viene al Galgo?

Sutanejo y Perencejo, son otros dos personajes representativos: ley y orden; su condición de siameses, es una alegoría, una paradoja, justo en una sociedad carente de estos dos componentes inseparables. Excelente trabajo de los actores: Jabnel Calizan y Noel Ventura. Un personaje al parecer intrascendente, pero con su carga emotiva, es la abuela, segundo personaje interpretado por la versátil Viena González. La escenografía sugerente de Eduardo Suarez y el vestuario apropiado y llamativo de Renata Cruz, son elementos que enriquecen la puesta en escena. Claudio Rivera imprime a la acción un ritmo apropiado, y propicia escenas orgiásticas impactantes. Pero cuando todo parece perdido el dramaturgo abre una ventana a la esperanza; la escena final es sobrecogedora, colocada la familia en un ascensor -símil elocuente-, el niño asume la carga y reta con su voz infantil cargada de emoción: podemos bajar hasta el abismo y no regresar, o podemos detenernos en un estadio y buscar la luz.

Recomendamos a todos detenerse en ese espacio de arte que es el Teatro Guloya, de la Ciudad Colonial, y convencerse que allí, Todo está bien.